Saber cómo tratar a los hijos puede ser un reto. Algunos días puede parecer imposible mantener la paz y no perder los estribos.

Pero si se enfrenta tanto a un berrinche ocasional como a un comportamiento habitual de arrebatos de rabia, manejar su propia ira cuando las cosas se pongan al rojo vivo hará que sea más fácil enseñar a sus hijos a hacer lo mismo.

Hable con tranquilidad, claridad y firmeza; en vez de con ira, culpabilizando o lanzando críticas duras, amenazas o desprecios. Si usted grita o le amenaza, estará inculcando un modelo de comportamiento exactamente del tipo que quiere evitar. Sus hijos se darán cuenta de que está tan enfadado y es tan incapaz de controlar su propia ira, que lo único que puede hacer es gritar, y esto no les ayudará a aprender a no gritar.

Ayude a los niños a expresarse hablando:

  • Escuche y responda.
  • Cree unas reglas básicas claras y sígalas.
  • En esta familia no pegamos ni damos empujones.
  • No se permite gritar.
  • En esta casa no se dan portazos.
  • Nada de insultos.
  • En esta familia no hacemos eso.
  • No se permite tirar ni romper cosas a propósito.

.
Estrategias para que los niños aprendan a calmarse:
- Los niños que han aprendido que no está bien gritar, pegar o arrojar cosas cuando están disgustados necesitan otras estrategias para calmarse cuando están enfadados. Déles algunas ideas para ayudarles a aprender maneras seguras de dejar salir la ira o a encontrar otras actividades que puedan contribuir a que estén de mejor humor.
* Hacer un descanso de la situación. Explique a sus hijos que está bien alejarse del conflicto para evitar un arrebato de ira y tomarse un tiempo para calmarse.
* Encontrar una manera (segura) de dejar salir la ira. Dar una serie de saltos o bailar alrededor de la cama, o salir al exterior para hacer ejercicios gimnásticos, como ruedas, pueden ser buenas opciones así como escribir o hacer un dibujo sobre lo que le ha hecho sentirse mal.
* Aprender a cambiar. Esta estrategia es difícil para los niños, y también para los adultos. Explíquele que calmarse consiste en parte en pasar de estar muy enfadado a estar en un estado de ánimo en el que se tiene una mayor sensación de control. anime a su hijo o hija a que piense en alguna otra cosa que pueda hacer.

Crear unos buenos cimientos
Pruebe estas medidas en los momentos de calma; puede evitar los problemas antes de que empiecen ayudando a sus hijos a aprender y practicar las habilidades que necesitarán para manejar las crisis:
1. Ayúdeles a identificar las emociones. Ayude a los niños a adquirir el hábito de decir lo que están sintiendo y por qué; por ejemplo: "Estoy furioso porque tengo que limpiar mi habitación mientras mis amigos están jugando." Explicarlo con palabras no liberará al niño de realizar sus tareas, pero hablar de ello puede calmar la situación. Elogie a su hijo por hablar de lo que le sucede en vez de dar portazos, por ejemplo.
2. Trate de que los niños hagan mucho ejercicio físico. El juego activo puede ayudar mucho a los niños que tienen grandes rabietas. Anime a los niños para que practiquen los juegos y deportes que les gustan en el exterior. El kárate y correr pueden ser especialmente buenos para los niños que intentan aplacar sus rabietas.
3. Ayude a su hijo a recuperar el control. La cuestión es que las rabietas de su hijo requieren entrenamiento para aprender cuándo está bien jugar, cómo usar la energía extra y cómo seguir las reglas.
4. Intente ser flexible. La crianza de los hijos puede ser una experiencia agotadora, pero intente no ser demasiado rígido. Escuchar un coro que constantemente dice "no" puede ser desalentador para los niños. Por supuesto, a veces un "no" es la única respuesta posible: "¡no, no puedes montar en bicicleta sin llevar el casco!". Pero otras veces, se les puede dejar ganar algún tanto. Por ejemplo, si su hijo quiere seguir jugando un poco más con un videojuego o ver la televisión, quizá podría dejarle unos 15 minutos más.

Dé a sus hijos la responsabilidad de controlarse, pero esté cerca de ellos para recordarles cómo hacerlo.
La mayoría de los niños pueden aprender a manejar su ira y su frustración. Pero si su hijo se enreda frecuentemente en peleas y discusiones con amigos, hermanos y adultos, puede que esté necesitando ayuda externa. Hable con otros adultos con los que se relacione su hijo; los profesores y entrenadores de su hijo podrían ayudarle, y su pediatra podría recomendarle un psicólogo o terapeuta para mejorar el comportamiento de su hijo.

София plus.google.com/102831918332158008841 EMSIEN-3